Este libro de Lolita de Vladimir Nabokob me ha seguido durante parte de mi vida, desde el momento que aterrizó en mis manos. Me lo regaló mi padrastro cuando este abusaba de mi.

No se muy bien porqué lo he conservado hasta ahora. Ha ido pasando de caja en caja, en las múltiples mudanzas que he hecho, postrándose al fin en una estantería.

Lo veía y sentimientos que no se ni como describir, recorrían mi cuerpo. Era un objeto congelado en medio de mi vida.

De)construyendo Lolita

A través de la deconstrucción abro una nueva posibilidad, algo que llega para modificar una situación. Pretendo hacer justicia a la novela de Lolita, donde Nabokov centra su discurso en la voz masculina de su protagonista: Humbert. Asume una jerarquía central donde todo gira alrededor de los pensamientos y sentimientos de este hombre. Pero esta parte central contamina a la otra que queda marginada, otra parte que no tiene voz, es un mero decorado de toda la historia, siendo en el fondo ella la protagonista. Como apunta Jacques Derrida el término deconstrucción no hay que entenderlo “en el sentido de disolver o destruir” ya que no disuelve a la oposición, sin Lolita no exisitiria Humber y sin Humbert, Lolita tampoco hubiese existido. Así como yo, no seria ahora lo que soy sin toda mi historia.

“La deconstrucción es la justicia”, la justicia de poner el centro el personaje marginado y darle voz, a través de la reinterpretación y la creación de otro tipo de lenguaje.